
A primera vista, una oficina es solo escritorio y silla. Pero cuando empezamos a vaciar despachos en Olot o gestorías con escaleras estrechas sin ascensor, el montón se divide en muchas piezas distintas que no pueden acabar juntas. No vale meterlo todo al contenedor verde porque sí. En GARROFIC separamos los residuos desde el minuto uno para que cada material siga su camino correcto.
La madera de las mesas de roble va a reciclaje, igual que el metal de estanterías y taquillas. Los ordenadores, servidores e impresoras son residuo electrónico aparte. Cuidamos mucho los tóneres, fluorescentes y baterías, derivándolos como peligrosos a un gestor autorizado. El papel corriente tiene su hueco, pero si ves facturas o planos confidenciales, lo tratamos distinto. Primero miramos qué muebles se pueden reutilizar antes de desmontar nada. Así nos aseguramos de que lo que sale de tu antigua nave o despacho no ensucia lo que sí puede tener otra vida útil.
Ordenadores, pantallas e impresoras
Los ordenadores, monitores e impresoras que retiran las gestorías de Olot o los despachos técnicos con planos en edificios de piedra sin ascensor se tratan como residuo electrónico. No basta con tirarlos al contenedor; nosotros nos encargamos de su correcta gestión. Lo mismo ocurre con servidores y centralitas telefónicas, esos aparatos voluminosos que ocupan espacio en oficinas pequeñas de dos a diez puestos, muy comunes tras cambios generacionales en empresas familiares de la comarca.
Un detalle importante para ti: los discos duros. Antes de cargar cualquier equipo, te preguntamos qué quieres hacer con ellos. Tú decides si te los quedas por precaución o si prefieres que gestionemos el soporte físico junto con el resto del hardware. Así evitas sorpresas y controlas tú mismo el destino de esa parte crítica de la máquina.
Este trato concreto aplica también a faxes antiguos o planeros electrónicos olvidados en naves de metal o plástico cerca del Fluvià. Al separar estos elementos desde el principio, aseguramos que lo peligroso vaya a un gestor autorizado y lo reutilizable tenga una segunda vida, algo habitual cuando vaciamos oficinas turísticas en Besalú o Santa Pau.
Tóneres, fluorescentes y baterías
En los vaciados de oficinas por la Garrotxa, desde un despacho en Olot hasta una gestoría en Banyoles, nos encontramos a menudo con cartuchos de tóner gastados, tubos fluorescentes o baterías acumuladas entre el archivo. Estos elementos no son basura común: se consideran residuos peligrosos y su manejo exige precaución. Por eso, cuando desmontamos tus mesas de roble o retiramos las estanterías metálicas, identificamos estos componentes antes de mezclarlos con el resto de mobiliario.
Nuestra norma es clara: nunca van junto con la carga general de madera o plástico. Los apartamos cuidadosamente durante la retirada para derivarlos a un gestor autorizado especializado en este tipo de material. Así evitamos que acaben en contenedores equivocados y cumplimos con lo que toca, sin complicarte la vida. Tú solo tienes que señalarnos dónde están esos cajones con bombillas viejas o impresoras paradas; nosotros nos encargamos del resto, asegurando que cada cosa vaya a su destino correcto dentro del circuito de reciclaje adecuado.
Madera, metal, vidrio y plástico
Cuando vaciamos una oficina, no nos limitamos a meter todo en el camión. En GARROFIC empezamos separando lo que puede tener otra vida antes de desmontar nada. Imagina el despacho de un taller junto al obrador o la planta alta de una nave metálica: hay mesas de roble macizo y sillas que aún aguantan años. Esas van primero a reutilización, incluso te ayudamos a contactar con entidades si quieres donarlas. Lo demás, al contenedor correspondiente.
Nuestra prioridad es que cada material acabe donde debe. Los armarios metálicos, las taquillas del personal y los planeros se apilan por separado; la madera de melamina y roble va a su reciclaje específico. El vidrio de mamparas y el plástico de estanterías tienen su propio camino. No mezclamos residuos electrónicos ni peligrosos: servidores, impresoras y centralitas van a gestores autorizados, igual que tóneres, fluorescentes y baterías. Así evitamos que acaben en vertedero mezclados con papel corriente o archivo antiguo.
Aunque parezca simple, hacerlo bien requiere equipo propio y tiempo. Sin subcontratas, nuestros operarios identifican en origen qué es metal ferroso, qué es aluminio o qué tipo de tablero. Si tienes oficinas pequeñas en edificios de piedra sin ascensor en Olot o despachos turísticos en Besalú, esta separación minuciosa evita acumular chatarra innecesaria en tu nuevo local. Solo trabajamos fuera de horario o en sábado si tú lo pides, nunca domingos ni noches.
Papel corriente y papel con datos
Cuando vaciamos una gestoría en el centro de Olot o un despacho técnico en Banyoles, lo primero es distinguir qué papel va al contenedor azul y cuál merece un trato distinto. Los archivos viejos de facturas sin carga sensible, los borradores de planos obsoletos o las copias de seguridad de papeleo corriente se recogen y envían directamente a reciclar como cualquier otro residuo de oficina. Es lo habitual en la mayoría de traslados de empresas familiares o cierres por jubilación, donde el volumen de documentación es alto pero no crítico.
Otra cosa son los documentos confidenciales: expedientes con datos personales, contratos activos o información financiera delicada. Ese material se aparta del resto para que nadie más lo toque. Si tú nos lo pides explícitamente, gestionamos su destrucción certificada. En ese caso, la destructora especializada emite un documento oficial que acredita que esos papeles han sido eliminados de forma irreversible, dándote tranquilidad legal ante cualquier auditoría o curiosidad futura.
Justificantes que recibe la empresa
Cuando vaciamos una oficina, ya sea en un edificio de piedra del centro de Olot o en una nave industrial de la comarca, cada caja sale con su etiqueta. No se trata solo de llevarse los muebles; lo importante es saber a qué gestor autorizado va cada fracción. Los tóneres, los fluorescentes viejos y las baterías de los UPS se separan en origen y viajan a instalaciones específicas para residuos peligrosos. El papel corriente va a reciclaje, pero si contiene datos confidenciales, lo tratamos aparte según nos indiques. Incluso los discos duros son tu decisión: te los quedas o gestionamos su retirada.
Al terminar el trabajo, entregamos un justificante por cada tipo de residuo que hemos movido. Este documento acredita que no ha acabado en un vertedero ilegal ni ha contaminado el entorno cercano al río Fluvià o al Parc Natural de la Zona Volcànica. Para ti, guardar estos papeles tiene una utilidad práctica muy clara: si algún día tienes una inspección ambiental o necesitas demostrar ante un cliente corporativo cómo has gestionado tus desechos, ahí tienes la prueba. Es tu tranquilidad legal sin tener que perseguir facturas de terceros.